martes, 20 de enero de 2009

Les jours tristes.

Ahora al cielo le da por llover, y a mí por recoger los restos de una primavera de oportunidades perdidas.
El arrepentimiento viene a mí en forma de fotografías ajenas, de encuentros casuales y conversaciones cordiales, de dos besos por milisegundo que buscan en su rapidez el sitio aquél que les correspondía antes de que fuese demasiado tarde. Aún recuerdo tu trenca azul bajando por la calle Espíritu Santo en una tarde de abril como se recuerdan las escenas más entrañables de una película de amor francesa. Y casi un año después, recuerdo que tus ojos -suyos ya- tiraban un poco a verde bajo la luz que también enrojecía mis mejillas.
Pero hoy las gotas de lluvia, inmóviles sobre el cristal, tampoco saben responderme a la pregunta de qué hubiera pasado si. Debe ser que el día está demasiado gris como para encontrar respuestas en ninguna parte a los asuntos que hace ya tanto tiempo los dos dimos por archivados.

jueves, 11 de diciembre de 2008

The blues are still blue

Si hay un color al que se puede llamar azul entre los azules, ese es el que me hizo creer en Dios una mañana de diciembre. El que me fulminó e hincó mis rodillas en el suelo, por el que pedí perdón a todo azul al que alguna vez hubiera podido ofender... Me hipnotizó para distraerme y terminé por coger el autobús equivocado, de la consistencia y color de un cielo de verano, sin más nubes que una pupila.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Munich.

No, espera un momento, para, creo que vas demasiado deprisa. Tal vez hay algo bajo mi ropa que no quiero que veas. Verás, tiene que ver con ese horrible accidente que sufrí hace tiempo y del que tan pocas veces te he hablado. En realidad siempre he evitado hablarlo con nadie, aunque no sé muy bien el motivo; tal vez crea que así algún día llegue a ahogar esa sanguijuela que se me quedó dentro, corroyéndome las entrañas desde aquél día. La explosión fue enorme, todo se desmoronó y se rompió en una centésima de segundo, y los trozos salieron despedidos hacia todas partes a una increíble velocidad, de modo que muchos micro-cristalitos azules se quedaron incrustados en mi piel por efecto de la onda expansiva. Pensé que con el tiempo acabarían desprendiéndose, pero lo cierto es que no todos lo han hecho, y todavía me quedan algunos clavados, los más punzantes. Si trato de ocultártelos es sólo porque sé que en tus ojos dolerían aún mucho más que en mi piel, y lo último que querría es hacerte daño. Nunca te haría daño a ti, que inconsciente pero constantemente me analgesias de ese y de cualquier otro dolor.
Aún no estás listo para verlo todo. Aún no estoy lista para no tener nada que ocultar. Lo siento, de verdad, pero deja ya ese botón, hoy me duele la cabeza.

sábado, 14 de junio de 2008

Shadowplay

De lunes a jueves no se les ve el pelo, ni juntos ni separados. Pero todas las noches de fin de semana, el Señor Idealista y Ms. Smith salen juntos a bailar y tomar cervezas por los pubs de Barcelona. En mis noches de insomnio salgo al balcón a tomar el aire y les veo, pasadas las cuatro, caminar Ramblas arriba. Hablan a voces, se ríen, de vez en cuando un codazo o un guiño discreto [...]. Y así les sigo con la mirada hasta que ella le tira de la manga y desaparecen de pronto ambos en la oscuridad de un portal. Todo para volver a ser dos desconocidos el lunes por la mañana.

martes, 13 de mayo de 2008

F. S

Es porque sigues viviendo en esa maldita calle gris que estba siempre llena de niebla, porque seguirás entrando y saliendo todos los días de esa estación de metro condenada en la que nunca hay dios que encuentre la salida correcta, seguirá viéndote gente por la calle y pensando las típicas cosas que todo el mundo piensa al verte, seguirás escuchando los discos que yo te regalé (o tal vez no), seguirás durmiendo todas las noches en esa cama cuyas sábanas habrás lavado ya cientos de veces para que no vuelvan a oler a mí, y guardarás algún recuerdo mío, no me importa si bueno o malo.
¿Es que no son suficientes motivos para estar molesta?

jueves, 3 de abril de 2008

El que no debe ser nombrado

Duele, siempre duele; aunque a algunos les cueste reconocerlo, se trata de dolor puro y duro. Duele el tuyo propio, el de los demás, el que has perdido, el que no llega... el caso es doler.
"Pero eso no es así siempre -replicarás tú, ingenuo-, porque hay veces que le hace feliz a uno." Pues bien, te demostraré tu error mediante un símil muy ilustrativo.
¿Alguna vez te has/han dado un golpe muy muy muy fuerte? y, ¿no sólo fuerte, sino además en algún lugar horrible: el codo, la espinilla, el dedo meñique del pie? Entonces sabrás de qué te hablo. Nada más recibir el golpe no sientes absolutamente nada, es algo casi agradable, como ser incorpóreo. Ahora bien, pasados unos instantes, creo que no hace falta que describa la sensación de corporeidad infernal que aparece de pronto. Y claro, después viene la herida o moratón correspondiente.
Pues ésto es igual, sólo que con los tiempos dilatados. En vez de durar cada fase unos segundos, dura unas semanas, unos meses, a veces años... y las cicatrices, directamente, hay veces que nunca llegan a curarse.
Así que mira, no te engañes: no eres feliz, es sólo que te encuentras en ese instante justo antes de retorcerte de dolor.

domingo, 24 de febrero de 2008

Historia de amor entre las baldosas y sus zapatillas (o Ciudad del Recuerdo)

Sus zapatillas conocían tan bien aquella ciudad que ya prácticamente caminaban solas por las calles arriba y abajo, hablándole a las baldosas de cómo había ido la vida provinciana desde que dejara la de estudiante. Dulces años estudiantiles aquellos en los que el roce diario hizo que se enamoraran de ellas, como sus ojos de las calles y de las torres de la catedral que arañaban el cielo fresco y despejado en época de exámenes. Ahora sólo les quedaba verse en fechas señaladas, y recordar los buenos momentos entre el murmullo de sus pasos.